Ciudad Museo de Gjirokastra, Albania.

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Situada en el valle del río Drinos, al sur de Albania, la histórica ciudad de Gjirokastra es uno de los raros ejemplos de ciudad otomana en buen estado de conservación. Construida por latifundistas, Gjirokastra está estructurada en torno a la antigua ciudadela del siglo XIII y su arquitectura se caracteriza su casas torretas denominadas en turco kullë (“torre”). Típica ciudad balcánica, Gjirokastra posee notables ejemplos de este tipo de casas cuya construcción se remonta al siglo XVII, si bien algunas de las más sofisticadas datan de principios del siglo XIX. Una kullë típica consta de una planta baja elevada sobre el suelo, un primer piso para vivir en invierno y un segundo para la época estival. La decoración interior es muy ornamentada y comprende pinturas con motivos florales, sobre todo en las estancias destinadas a los huéspedes. Gjirokastra cuenta también con un bazar, una mezquita y dos iglesias del siglo XVIII.

Gjirokastra es también conocida como la “Ciudad de las piedras”, ya que la mayor parte de los tejados de las casas antiguas están cubiertas de piedras, un rasgo distintivo de la arquitectura local. Gjirokastra es una de las ciudades en las que mejor se ha conservado la arquitectura típica de los Balcanes, de influencia otomana. Otros ejemplos destacados de esta arquitectura son la ciudad macedonia de Ohrid o Berat, en la Albania central.

Ésta fue la razón por la que en 2005 La Unesco incluyó Gjirokastra en la Lista del Patrimonio de la Humanidad. Las razones aducidas por la organización internacional para esta distinción fueron la de considerar Gjirokastra como un testimonio excepcional de una duradera y casi desaparecida sociedad y estilo de vida, influenciada por la cultura y tradición del Islam durante el periodo otomano. También consideró la Unesco que el centro histórico de Gjirokastra era un raro ejemplo de un bien conservado pueblo otomano, construido por grandes propietarios terratenientes, alrededor de una ciudadela del siglo XIII. La arquitectura se caracteriza por la construcción de un tipo de casas torres (llamadas kule), de las que Gjirokastra muestra muy notables ejemplos.

Los edificios más típicos de la ciudad son los kules, un tipo de casa-torre de origen turco y característico de la región de los Balcanes. Este tipo de edificio, alcanzó su madurez en el siglo XVII. En Gjirokastra se encuentran además algunos ejemplos de kules más elaborados que datan de principios del siglo XIX.

Los kules poseen una base muy alta, una planta baja que solía utilizarse en invierno y que contaba con troneras y una segunda planta para el verano, dotada de balcones, ventanas y recubierta de madera. Los interiores suelen estar ricamente decorados con motivos florales pintados, especialmente en las zonas reservadas a la recepción de invitados. Más de 200 casas están protegidas actualmente en la ciudad como “monumentos culturales”.

Los comunistas declararon el casco antiguo de la Ciudad Vieja como “Ciudad-museo” debido principalmente a que era la ciudad natal de Enver Hoxha, lo que la puso bajo un status de protección especial ya durante dicho régimen. Ello permitió que se respetara la arquitectura tradicional y no se acometieran las características construcciones modernas de viviendas de tipo soviético típicas de dicho periodo. Sin embargo ese estatus de protección no ha evitado que muchas casas antiguas se vinieran abajo por falta de cuidados y mantenimiento. Poco a poco se está mejorando en el mantenimiento de la arquitectura tradicional de la ciudad.(*)

 

(*) Unesco.